Salud

¡Hola a tod@s¡ ¿Qué tal estáis? Este es un nuevo post dedicado a la salud, tema sobre el que estoy investigando mucho últimamente. En un post anterior La Salud, queremos es para mí, os daba mi opinión al respecto. Hoy os hablo sobre la autocuración, capacidad real que tiene el cuerpo de autocurarse y que tod@s, como poseedores de ese poder, deberíamos de conocer.

Cuando sentimos dolor, es el propio cuerpo que nos está avisando de que algo va mal. Puede ser a nivel físico, emocional o mental. No tiene porqué ser en uno solo de estos ámbitos. Pero muchas de las veces hacemos oídos sordos a esos avisos y vamos tirando del hilo y vamos des-cuidando nuestro estado natural de bienestar. Tomamos como habitual que nos moleste algo y buscamos la solución más cómoda y rápida fuera. En la medicina convencional y/o en otras terapias alternativas. Es lo que hace gran parte de la sociedad. Y en la mayoría de los casos es porque no nos han explicado otras formas de sanar. Lo vemos sobretodo en nuestros mayores, que otorgan el poder de curar a un medicamento, incluso a la figura del médico. Y no cabe en su estructura mental la mínima duda de que tal vez nuestro propio cuerpo tenga la capacidad de autocuración si le dejamos. ¿A quiénes en el colegio os han hablado de esta idea? ¿Quién tiene la suerte de tener una educación en casa basada en esta creencia? Es difícil aceptar que tenemos esta facultad sobre todo porque significa admitir que yo tengo la responsabilidad, que la pelota está en mi campo, y que el trabajo lo tengo que hacer yo mism@. Significa cambiar, reconocer errores, cortar con hábitos, dedicarse tiempo, evolucionar, transformarse y eso cuesta. No todo el mundo está dispuesta a ello. Se necesita mucho fuerza de voluntad, disciplina, autoconocimiento, autocontrol, poder de decisión, capacidades que podemos desarrollar si las ejercitamos, especialmente desde niños.

Pero esto, al negocio montado alrededor de la medicina, sobretodo la convencional, no le interesa que se conozca, y ejerce su poder sobre los gobiernos para que todo siga igual. Sesgan la información que nos llega, nos dicen lo que queremos oír, nos hacen dependientes de “efectivos” productos, tratamientos que nos curarán y lo único que están consiguiendo es que nos convirtamos en dependientes de ellos para sentirnos bien y, tal vez, sanar. Pero lo que en realidad están haciendo es interferir en el proceso de curación de la enfermedad o dolencia y retardar la propia recuperación, convirtiéndose muchas veces en crónica e irreversible.

Y es que saben muy bien cómo hacernos caer. Aparece la imagen de alguien enfermo, o dolorido. Nos dicen: “Tómate esto y adiós al dolor o al malestar”. Y enseguida nos muestran imágenes de gente feliz y sana. Con un poquito de poder que le demos a la publicidad, al menos nos hacen planteárnoslo: “Yo quiero encontrarme así de bien y así de rápido. Tengo que probarlo”. Os invito a que observéis durante unos días los anuncios de medicamentos, analizando un poco los recursos de que utilizan, el marketing, cómo nos venden los productos. Las empresas gastan millones en publicidad y buscan a los mejores publicistas del mundo para convencernos.

Por otro lado, considero que la figura del médico está un poco trastocada en la sociedad actual. Hay bastante distancia con la visión de Hipócrates.

Hipócrates es considerado el padre de la medicina moderna, convencional, en la que está basada nuestro sistema sanitario.

Una de las ideas en que se basaban sus enseñanzas es el hecho de que siempre es mejor prevenir las enfermedades. Para él era necesaria la presencia del médico no sólo cuando apareciera la dolencia sino que de manera permanente fomentara la autoconservación de la salud. Conocemos esa famosa frase de “Más vale prevenir que curar”.

Y en cuanto al tratamiento, destacaba el poder curativo del propio cuerpo y consideraba que el médico debía colaborar con su fuerza interna para devolver la salud al enfermo.

Insistía en la importancia del “no daño”. Él enseñaba que el facultativo debía tener dos cosas presentes ante las enfermedades, ser útil y/o al menos no perjudicar. Y dado que existe esta capacidad natural de la autocuración, el médico sólo tiene que limitarse a hacer un diagnóstico y un pronóstico acertados y proporcionar las condiciones ambientales adecuadas para que la autocuración se produzca.

También recalcaba el curar de la forma más simple posible. Enseñaba que obtener la curación es lo importante y que si hubieran varias formas de alcanzarla se debía escoger la menos ostentosa.

Otra idea en la que se basaba y con la que también estoy totalmente de acuerdo es que la dietética, nuestra alimentación, es “la base de la terapéutica hipocrática para todas las enfermedades y necesaria para la aplicación de otras intervenciones como la fisioterapia, kinesioterapia, farmacoterapia y cirugía. Seguro que nos suena la frase “Que la dieta sea tu alimento y el alimento tu medicina”.

Nos falta lo más importante y es la confianza en que esto es así. Confiar y creer en que el propio cuerpo tiene está capacidad. Nos es difícil cambiar nuestra estructura mental pero porque nos cuesta cambiar en cualquier ámbito. Un cambio nos supone un esfuerzo que a veces no queremos hacer. Y esto es una de las causas por las que enfermamos, nuestra resistencia al cambio y a la aceptación.

¿Qué hacemos cuando sentimos un dolor de cabeza? Cuando es leve y el cuerpo nos empieza a avisar, semáforo amarillo, igual descansando se nos pasaría pero no, no le hacemos caso y seguimos con nuestro ajetreo, y se convierte en un dolor fuerte. El cuerpo nos vuelve a avisar : “Cuidado que te estás pasando, semáforo rojo”. Y ¿qué hacemos? ¿Parar? ¿Descansar? Nooo. Nos tomamos una pastilla y nos decimos: “Un analgésico, que esto lo para, ¡lo cura!”, y seguimos con nuestras obligaciones. ¿Cuántos habéis hecho esto en algún momento de vuestra vida? Si esto lo estamos haciendo día si día no, o todos los días, al final el cuerpo te avisará con algo más importante, te pedirá parar. Y si no te paras, el cuerpo lo hará por ti en un intento de curarse.

Sentimos fiebre y ¿qué hacemos? “Hoy me voy a cuidar, voy a quedarme tranquilita en casa”. Nooo. Nos vamos al médico a que nos recete algo o tomamos de lo que tengamos en casa. Y me diréis: “Es que tenemos responsabilidades. Tenemos trabajo. No es tan sencillo”. Y tenéis toda la razón. Nuestra sociedad está montada así. Son pocos los afortunados que pueden faltar un día a su trabajo y no tener problemas. Pero seguro que podemos intentar quitarnos alguna responsabilidad menor y dedicarnos tiempo a nosotros para descansar y dejarle al cuerpo energía para recuperarse. La fiebre es un mecanismo de curación, de limpieza, cuando nuestro cuerpo tiene que gastar mucha más energía que en un molesto dolor de cabeza. Y ¿qué hacemos? Cortarla. Cortar ese proceso. ¿Cuántas veces a nuestros niños les hemos dado, o nosotros mismos hemos tomado, algo para bajarla? Pues hemos cortado ese mecanismo de autocuración y si lo seguimos haciendo, y a menudo, al final el cuerpo se colapsará. Llegará a un punto en el que ya no se pueda regenerar. Dará comienzo la degeneración y ya no habrá solución externa que valga, ni siquiera interna.

Pero tenemos miedo. “¿Cómo voy a dejar a mi niño con fiebre? ¿Y si se pone o me pongo peor? Mejor cortarlo a tiempo”. ¿Os reconocéis? Yo era así. Me hacía un corte, y enseguida buscaba mercromina, o yodo que es más común hoy en día. Que me quemaba, una cremita. Que me dolía la cabeza, un analgésico. Que me dolía el hombro, analgésico y cremita. Que me dolía la garganta, me iba al médico a que me recetase antiinflamatorio. Que tenía síntomas de gripe, “Voy a todos tomarme un antibiótico para pararlo cuanto antes, que tengo que ir a trabajar”. O “Para una vez que quedo para salir con los amigos, no me voy a quedar en casa”. ¿Os suena?

Por suerte o por desgracia he pasado por muchos síntomas y enfermedades. Por eso, os puedo hablar desde mi propia experiencia. Y os puedo decir que es posible. Que si le dejas tiempo al cuerpo y creas las condiciones necesarias, el cuerpo tiene la capacidad de curarse solo. Que la mente tiene mucho que ver en este proceso. Que influye la manera en que nos tomemos las adversidades. Que es importante celebrar y disfrutar las alegrías y los logros. Todo esto que os comento nace de la propia vivencia. No es teoría. Lo he vivido y lo vivo. Y lo comparto hoy con vosotros con el propósito de explicaros que hay otra manera, que hay alternativas. Que esas alternativas se pueden combinar con la medicina convencional si todavía no queréis otorgarle toda vuestra confianza a la fuerza de la naturaleza y al poder de vuestro cuerpo. Es una decisión vuestra. Tenéis todo vuestro derecho a elegir.

Os invito a que busquéis información acerca de la autocuración.

Espero haberos aportado algo. Podéis hacer los comentarios o las preguntas que os surjan.

Gracias por leer.

El poder de la autocuración

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