Coaching

¡Hola a tod@s! ¿Qué tal va vuestra vida? ¿Os están sirviendo mis aportaciones? Espero y deseo que sí. Tengo que confesar que todavía tengo un poco de vergüenza a la hora de escribir, pero sé que lo mejor que puedo hacer es seguir escribiendo, mostrándome tal como soy y compartiendo lo mejor de mí.

He estado dándole vueltas al tema de este siguiente post y, aunque tengo otros temas pendientes, he decidido dedicarlo a la paz. Estos últimos años la he estado trabajando mucho con los demás pero, sobretodo, conmigo misma. La verdad es que llevo más de media vida en busca de un estado de paz que me permitiera vivir sin sufrimiento y hoy quiero compartir algunas ideas que me han ayudado y con las que he conseguido llegar a experimentar y poder vivir en esa paz, incluso en situaciones difíciles.

No sé si alguno de vosotros, supongo que sí, está o ha estado en esa búsqueda de sentirse en paz. Tal vez, como en mi caso, porque se ha encontrado en un momento de su vida en que todo era lucha, cada segundo del día, con todo lo que le rodeaba e incluso consigo mismo y ha intentado salir de ahí. Se trata de una situación muy dolorosa sobretodo cuando te das cuenta de que estás haciendo sufrir también a los que están a tu alrededor. Hasta que un día consigues acumular energía y comienzas a investigar, probar con diferentes técnicas, desde diferentes ámbitos, físico, mental, emocional, espiritual, energético, y poco a poco todo se va relacionando y va produciendo su efecto.

He buscado la palabra paz en el diccionario y se define como “situación o estado en que no hay guerra ni lucha entre dos o más partes enfrentadas”. La palabra paz proviene del latín pax (pacía) que significa acuerdo, o pacto.

Y, ¿cuándo he conseguido experimentar la paz? Pues cuando he dejado de luchar contra mi y contra lo que era inevitable. Cuando he firmado un pacto conmigo misma de que nada ni nadie, y en especial yo misma, me va a hacer perder ese estado de paz. Eso no significa que dejen de producirse situaciones no deseadas en mi vida, sino que las afronto con aceptación y responsabilidad.

Para mí la paz, nace de nuestro interior. Si no hay paz en nosotros es imposible estar en paz con el resto del mundo, con lo que sucede en nuestra vida. Si cada uno de nosotros buscáramos y trabajáramos por estar en esa paz interior, la paz universal sería posible. Todos formamos parte de un todo, de una sociedad, y si cada parte de ese todo vive en paz con las demás partes, no hay cabida para la guerra. La paz es la ausencia de guerra, de pelea y no está en la esencia del ser humano pelear, sino dialogar y llegar a consensos. Para eso somos poseedores del raciocinio y del don de la palabra, que nos diferencia del resto de las especies, aunque no lo utilicemos como debiéramos.

¿Cómo se llega a sentir esa paz?¿Cómo encontrar la paz interior? Sentirse en paz es estar bien con uno mismo, con lo que hace, aceptando lo que vive, las experiencias que le van tocando vivir. La paz es rendirse a lo que es, a lo que sucede. Cuando estoy en paz, ante la situación que no es justa, por supuesto que no estoy de acuerdo con ello, pero acepto que es así como está sucediendo, acepto lo que está pasando y no peleo. Estar en paz significa que no lucho y me rindo a lo que hay.

Sin embargo, tenemos la errónea concepción de que rendirse es claudicar, resignarse, perder la razón. Pero rendirse no es resignarse. La resignación es frustración, de que no voy a ganar la batalla, de que no va a suceder como querría,… Cuando me resigno, hay una parte de mí que espera la oportunidad para continuar con la pelea, que espera el momento para contraatacar. Quiero seguir luchando y peleando. Pero ahí no hay paz.

Rendirse no es darle la razón al otro sino que, haga lo que haga, no va a afectar a mi estado de paz interior. No voy a buscar pelea. Y eso no significa que me de igual todo. No significa ser débil o no tomar acción. No es ser pasota. Es aceptar y tratar de buscar la mejor solución posible sin que haya lucha, sin que haya malestar. Me adapto a lo que es, acepto lo que hay. Resuelvo los conflictos de una manera pacífica en la medida que puedo. Porque, ¿cómo te sientes durante una discusión? ¿Verdaderamente te sientes bien cuando estás peleándote con alguien o a disgusto por alguna situación? Pues puedes evitarlo. Está en tu mano. Si es algo importante, si tu vida, tu integridad física, depende de ello, lucha, pero si no, ríndete.

Otro malentendido es que para estar en paz todo a nuestro alrededor tiene que estar bien, como nosotros queremos. Si hay algo que no nos gusta nos es imposible estar en paz, lo que nos genera vivir en un estado de continuo sufrimiento. Y para intentar sentirla pensamos en irnos de viaje, de retiro, alejarnos de la situación o las personas que consideramos nos la quitan. Pero ahí donde vamos no hay nada que me moleste. La verdadera paz es, en mi día a día, en medio del caos, de todas mis responsabilidades, dejar de luchar contra todo, decidir no comenzar ni continuar ningún tipo de cruzada contra nada ni nadie, aceptando lo que es.

Hoy también os propongo un ejercicio. Piensa en algo de tu vida que no te guste como está sucediendo. Observa como peleas contra esa situación. Date cuenta de cómo tu mente pelea tratando de buscar una solución, tratando de que ese aspecto de tu vida cambie. Toma consciencia de cómo te hace sentir esa pelea, de si es una sensación agradable o desagradable. Date cuenta de que si ahora te pido que dejes de luchar por ello, hay algo en ti que no quiere parar esa pelea. Puede que sea un orgullo, de “no me da la gana de rendirme, tengo la razón y el otro no”. O tengas miedo de que si te rindes, las cosas no vayan a solucionarse. Hay algo en ti que te impide dejar de pelear. Y es que cuando peleamos una situaciones lo que se produce es más sufrimiento, más malestar. Se puede llegar a generar odio, e incluso autoodio si la lucha es con uno mismo y eso, os aseguro, no es nada sano. ¿Te reconoces?¿Sí? Y, ¿quieres seguir en ese estado de lucha el resto de tu vida?

Sé que hay una parte de vosotros que no quiere rendirse. Yo he pasado por ahí. Os entiendo. Sé lo que es no querer dar el brazo a torcer. Incluso hay veces que peleamos con enemigos inexistentes, en situaciones que ni tan siquiera han sucedido y nos montamos nosotros mismos una película que luego cuando sucede no es, en absoluto, tan grave como habíamos imaginado. Pero, ¿quién es el que ha estado sufriendo para nada? O, no nos gusta nuestro físico o nos negamos a estar enfermos. Sé lo que es no querer aceptar una situación. Tenemos la idea de que rendirse es de débiles, de fracasados, de que si me rindo las cosas no van a cambiar y tenemos miedo a que no cambien. Pero la realidad es que si algo no tiene solución por mucho que pelee no la tendrá y si algo la tiene será más fácil encontrarla desde la paz que desde la lucha.

Si estás en paz contigo mismo y vives esa sensación, llega a ser tan placentera que no dejas que nada ni nadie te saque de ese estado. No discutes, no juzgas, solo das tu opinión sin pretender imponerla aunque sepas que tienes la razón y el otro está equivocado. Confías en que de alguna otra manera, tarde o temprano, la otra persona se dará cuenta de ello.

Cuando se consigue encontrar esa paz interior ya nada de lo que pasa en el exterior te afecta negativamente. Aceptas, te rindes, y fluyes con lo que hay. Pero, como he comentado en otros posts, no es quedarte de brazos cruzados sin hacer nada, sino hacer todo lo que esté en tu mano y después rendirte a lo que no depende de ti.

Desde la paz, te das cuenta de que las metas no se consiguen peleando sino esforzándote. Se trata de ir a por ellas sin luchar contra las circunstancias y contra los demás. Es entonces cuando sientes un gran alivio porque no tienes que estar peleando por todo, no tienes que tener siempre la razón, no tienen que ser todas las cosas cómo y cuando tú quieres. Alcanzas una serenidad y una tranquilidad internas que te permiten disfrutar más relajadamente de todo lo que la vida te ofrece.

El estado de paz es una elección. Yo elijo paz. Y tú, ¿qué eliges?

Espero que os haya aportado.

¡¡¡¡Paz a tod@s!!!!

¡¡¡Un abrazo!!!

¡¡Gracias!!

Y tú, ¿eliges paz o lucha?

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